El poder de la palabra

El poema Riqueza de la sección alucinación del libro Tala de Gabriela Mistral, es la fuente de inspiración del segundo trabajo de Calandria. La musicalización de la naturaleza penitencial de las palabras de Mistral parte con la voz de Pauline que se alza como un pregón que tantas veces hemos escuchado en las calles del continente americano, un espíritu popular que en clave de eléctricas cuerdas rock y con toques sincopados en poco de menos de dos minutos brinda un homenaje a la poetisa chilena.

Esta pretensión de ocupar textos de la literatura castellana había tenido atisbos en Orlando, canción del disco anterior, con un fragmento de un poema de la argentina Alejandra Pizarnik. Una situación paralela sucede en Constante y Fastidiosa la segunda canción del disco, un cuento hipnótico y obsesivo que se enfoca en los dilemas existenciales de la artista Violeta Parra.

El poder de la palabra y la expresividad de los arreglos musicales  son parte de este proceso de exploración en las complejidades de la mente humana  donde temas como el amor, la muerte, la naturaleza y el existencialismo transcurren sin descanso.

A su vez Calandria ha dado espacio a los registros audiovisuales de su música trabajando nuevamente con el director mexicano Cristian Ticho Mendoza para la grabación del video en vivo Sesión Invernal que incluye las siguientes dos canciones del disco, una versión industrial dance de Falso de Amor que hace recordar el trabajo de Gary Numan y la estilosa versión del clásico Wuthering Heights de Kate Bush.

Riqueza, el single del disco, viene acompañado de un video coproducido y editado por la directora palestina Carolina Saleh quien logra generar una onírica línea conductora a la mezcla de sidodélicas tomas y solitarias imágenes de cada integrante registradas en el particular encierro de cada uno de ellos. El video además parte con la estática imagen de la carátula del disco, una interpretación libre y surrealista de la figura de Gabriela Mistral a cargo del músico e ilustrador Keno Vargas.

Este disco fue grabado  íntegramente el 2019 por Fernando León, el baterista, en los estudios Anafrank y producido por la misma banda, y es el fiel reflejo de la madurez alcanzada tras cinco años de constante trabajo.